De cara a la pared

pared

De pronto despertábamos
sobresaltados: era la hora del temblor,
era la hora en punto de los rezos,
del grito ahogado entre las sábanas mojadas,
del llanto a oscuras, de la sed, del miedo.

Fuera se oían voces, carcajadas
estrepitosas, himnos feroces, explosiones,
súplicas apagadas por un motor en marcha,
carreras y disparos.

Nosotros, temblorosos,
arrebujados en la noche, insomnes,
vueltos de cara a la pared, sin atrevernos
siquiera a respirar,
no sabíamos nada, no entendíamos nada.

Eran, decían, los felices días
de la infancia.

Cuando bajan al trote los caballos al río,
cuando las campanadas penetran en nosotros
y hacen que, poco a poco, se iluminen los montes,
pienso en aquellos días y me parece un sueño.

Pero no, no es un sueño, aquello sucedió.

El rostro aquel que en el recuerdo gesticula,
la vieja con su vela, los pasillos tortuosos,
la habitación que daba al cementerio,
aquel caballo blanco comido por las moscas,
el niño sonriendo junto a su madre inmóvil,
son reales, están aquí, surgen de pronto
en el tiempo, en la noche, en el poema,
la noche aquella continúa, vuelven
las cosas negras del ayer.

Ya no rezamos, somos
demasiado mayores para llorar. Abrimos
de par en par las puertas; salimos al balcón.

Pero la lucha aquella no ha cesado. Aún, con saña,
Caín golpea a Abel. Y afuera -entre gastados
himnos, actos inútiles, frases hechas- aún suenan
los disparos, los gritos, y nosotros seguimos
como ayer, como siempre,
eternos castigados que no saben su culpa,
de cara a la pared,
de cara a la antiquísima pared.

RAIMUNDO SALAS

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¡Oh, Capitán, mi Capitán!

barco

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Ha terminado el proceloso viaje.
El barco ha salvado todos los escollos, y hemos ganado el premio que perseguíamos.
El puerto está cerca, ya oigo las campanas, la gente proclama su júbilo.
A la firme quilla siguen los ojos, al navío porfiado y audaz.
Pero ¡oh, corazón, corazón, corazón!
Oh, rojas gotas de sangre
donde, en cubierta, yace mi Capitán,
frío y muerto.

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Levántate y escucha las campanas.
Levántate: por ti ondea la bandera; por ti suena el clarín;
por ti, los ramilletes y las guirnaldas engalanadas; por ti, el gentío que se agolpa en la orilla;
a ti te llama la marea humana; a ti vuelven sus rostros anhelantes.
¡Aquí, Capitán, padre querido!
¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
Ha de ser un sueño que en la cubierta
hayas caído, frío y muerto.

Mi capitán no responde; sus labios, lívidos e inmóviles.
Mi padre no siente mi brazo: no tiene pulso ni voluntad.
El barco ha anclado, sano y salvo: su travesía ha concluido.
Del proceloso viaje el barco arriba, victorioso, con su trofeo.
¡Exultad, oh, costas! ¡Repicad, oh, campanas!
Pero yo, con paso fúnebre,
camino por la cubierta donde yace mi Capitán,
frío y muerto.

WALT WHITMAN

Traducción de Eduardo Moga

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Explosión

flor-febea

Si la vida es amor, ¡bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento…
Hoy abre en luz como una flor febea.
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
rotas las alas, mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe…
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!

DELMIRA AGUSTINI

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A media voz

Sobran las palabras

borrar

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

MARÍA MERCEDES CARRANZA

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A imagen de la vida

caballo

Qué niño irá a caballo pensativo
hacia el mar insondable
para contarnos una dura historia
de despojos guerreros y de hambre
como aquel mediodía que revive
aún hoy
bajo los cascos sollozantes.
Tal vez la vida sea para otros
asunto menos grave
música que escuchamos desplegada
dulcemente en el aire
larga espera en la seguridad
de que el tren llegará temprano o tarde.
Mas para mí no puede ser sino dolor
hecho a su imagen.
Mi porvenir y mi principio
son una misma escena inolvidable
el mar que emerge eternamente
al fondo de una calle
y un niño y un caballo derribados
tragados por el oleaje.

CARLOS SAHAGÚN

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A media voz

Yo cantaré de amor tan dulcemente

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Propone el autor discurrir en los afectos de amor

Yo cantaré de amor tan dulcemente
el rato que me hurtare a sus dolores,
que el pecho que jamás sintió de amores
empiece a confesar que amores siente.

Verá cómo no hay dicha permanente
debajo de los cielos superiores,
y que las dichas altas o menores
imitan en el suelo su corriente.

Verá que, ni en amar, alguno alcanza
firmeza (aunque la tenga en el tormento
de idolatrar un mármol con belleza).

Porque, si todo amor es esperanza
y la esperanza es vínculo del viento,
¿quién puede amar seguro en su firmeza?

GABRIEL BOCÁNGEL

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La estrella de mar

estrella-de-mar

Tengo los brazos abiertos sobre la arena,
mis colores son los de las rocas, los ponientes,
y la dureza que tengo es solo de las olas.
Tengo los brazos abiertos sobre la arena
y miro siempre al cielo
donde las otras brillan,
reinan y persisten.
Mi cielo lo pisan los pies de los que viven:
soy estrella de tierra.

ANTÓNIO REBORDÃO NAVARRO

Traducción de Carlos Clementson

Tentación

Perderse para siempre entre estos cerros
de blanquecina tierra, verdes vides,
segadas mieses y altos girasoles.
Recorrer con la vista sus desnudos
perfiles donde un árbol solitario
conversa silencioso con el cielo.
Sentirse carne, viento, polvo, sombra
que cruza errante simas y llanuras.
Negar que más allá de este horizonte
existan bosques, mares y desiertos.
No pensar que hubo ayer ni habrá mañana,
y estar ajeno ante el dolor del mundo.

JACOBO CORTINES

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Poética y poesía

Los marineros

Ellos son los que viven sin nacer a la tierra:
no les sigáis con vuestros ojos,
vuestra mirada dura, nutrida de firmezas,
cae a sus pies como impotente llanto.

Ellos son los que viven en el líquido olvido,
oyendo sólo el corazón materno que les mece,
el pulso de la calma o la borrasca
como el misterio o canto de un ámbito entrañable.

ROSA CHACEL

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A media voz

Como en el mar

Lo mismo que en el mar entro en tus ojos
por una tarde soleada, tibia
de gaviotas azules y de espuma.
Y tú
me ves llegar y ordenas
una a una las olas
que en tus labios se rompen, las palabras
con que me das la bienvenida,
ramas de almendro que florecen
en tu sonrisa,
que se hacen blancas en tus dientes
y en tu mirada azul.

Por ese mar navega
mi corazón cuyo peligro adoro,
llevado por las manos de la brisa,
acariciado por el oleaje
con que me miras cuando cae la tarde
y brilla por el cielo
las primeras estrellas que en tu frente palpitan.

JOAQUÍN BENITO DE LUCAS

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Carnet de identidad

Nadie avisó. Más tarde o más temprano
se supusieron que lo aprendería.
Nadie me dijo: riega a la alegría,
los muertos son terreno de secano.

Todo lo que me importa está lejano.
Si yo hubiera sabido a qué venía
os juro que vivir —yo qué sabía—
no me hubiera ganado por la mano.

Me dijeron vivir a quemarropa:
siglo XX —acordaron—, en Europa,
en Málaga, en enero y en Manolo.

Todo lo dispusieron: hambre y guerra,
España dura, noche y día, tierra
y mares… luego me dejaron solo.

MANUEL ALCÁNTARA

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A media voz

Verde halago

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura
Verde, doble verde
de col y lechuga.

Rr con Rr
en mi verde limón
pájara verde.

Por el verde, verde
verdehalago húmedo
extiéndome–. Extiéndete.

Vengo de Mundodolido
y en Verdehalago me estoy.

MARIANO BRULL

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Cuba literaria

Los cómplices

Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.

GONZALO ROJAS

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A media voz

Biblioteca de autor

Web sobre el autor

¿Con un día de verano deberé compararte?…

¿Con un día de verano deberé compararte?
Tienes tú más belleza y eres más apacible:
sacuden rudos vientos los capullos de Mayo,
lo que trae el verano apenas dura nada.

A veces con excesivo brillo arde el ojo del cielo
y a veces pierde vigor su complexión dorada
y toda belleza algún día perderá la belleza
por causa del azar o del curso del tiempo.

Pero tu eterno verano siempre será inmortal
y no dejará de ser tuya tu inaugural belleza,
ni podrá la Muerte arrastrarte a su sombra
cuando en eternos versos seas parte del tiempo.

Mientras haya quien respire y haya ojos que vean,
todo esto vivirá y a ti te dará vida.

WILLIAM SHAKESPEARE

Traducción de Ángel Rupérez

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A media voz

Ojos claros, serenos…

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

GUTIERRE DE CETINA

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A media voz

Biobibliografía

Cuando busco al que fui, qué hacinamiento
de vacilaciones, atisbos,
pistas falsas, presagios, averías
de la memoria, ardides
neutralizados por la incertidumbre.

A veces soy alguno
de esos esquivos personajes
que repentinamente me suplantan,
y a veces sólo soy
como un antecesor del que nunca seré
o acaso ese inconstante buscador de respuestas
que acaba siempre defraudado
por la futilidad de sus pesquisas.

Sin embargo, mi historia personal
poco tiene que ver con esa historia:
también yo soy aquel que nunca escribe nada
si no es en legítima defensa.

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

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A media voz

Fundación José Manuel Caballero Bonald

Qué será ser tú

Qué será ser tú.
Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

ANA ROSSETTI

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A media voz

Irme quiero, madre…

Irme quiero, madre,
a aquella galera,
con el marinero
a ser marinera.

Madre, si me fuere
do quiera que vo,
no lo quiero yo,
que el Amor lo quiere.
Aquel niño fiero,
hace que me muera,
por un marinero,
a ser marinera.

El que todo puede,
madre, no podrá,
pues el alma va,
que el cuerpo se quede.
Con él por quien muero
voy, porque no muera,
que si es marinero,
seré marinera.

Es tirana ley
del niño señor,
que por un amor
se deseche un rey.
Pues de esta manera
quiere, irme quiero
por un marinero
a ser marinera.

Decid ondas ¿cuándo
vistes vos doncella,
siendo tierna y bella,
andar navegando?
Mas ¿qué no se espera
de aquel niño fiero?
Vea yo a quien quiero:
sea marinera.

LUIS DE CAMOENS

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A media voz

La sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día,
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada señalando,
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.

SALVADOR RUEDA

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A media voz

Marino

Aquél pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás

Con el dedo en los labios
os he llamado.

Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles.

Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.

La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo

Hice correr ríos
que nunca han existido

De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza.

Corté todas las rosas
De las nubes del este

Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve

Marchemos sobre los meses desatados

Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados

VICENTE HUIDOBRO

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A media voz

Web sobre el autor

Arde el mar

Oh ser un capitán de quince años
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en las barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al óleo
las huelgas de los cargadores las grúas paradas ante el cielo de zinc
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un cuerpo en las aguas con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy los cristales empañados la música zíngara
los relatos de pulpos serpientes y ballenas
de oro enterrado y de filibusteros
Un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
Una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de nácar bajo los cocoteros

PERE GIMFERRER

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A media voz