Vosotros, comerciantes

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Vosotros, comerciantes, mercaderes, que con duro esfuerzo,
buscáis las más preciosas cosas con que hacer ganancia;
y ambas Indias despojáis de sus tesoros,
¿qué necesidad tenéis de buscar tan lejos, y en vano?

Porque mirad, mi amor tiene por sí sola
todas las riquezas lejanas que en este mundo encontrar se pueden,
si Zafiros, mirad, sus ojos son claros Zafiros,
si Rubíes, mirad, sus labios son Rubíes enteros;

si Perlas, sus dientes son perlas puras y redondas,
si Marfil, su frente marfil se supone;
si Oro, sus rizos son el más fino oro del suelo,
si plata, sus manos bellas son brillante plata.

Pero aquello que es lo más hermoso, pocos ven,
su ánimo adornado por abundancia de virtudes.

EDMUND SPENSER

Traducción de Santiago González

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Las muertes

He aquí unos muertos cuyos huesos no blanquerá la lluvia,
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso de la piel del lagarto,
inscripciones que nadie reconocerá encendiendo la luz de alguna lágrima:
arena sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los infames lechos vendidos por la dicha,
porque sólo acataron una ley más ardiente que la ávida gota de salmuera.
Esa y no cualquiera otra.
Esa y ninguna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros de nuestra vida.

OLGA OROZCO

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A media voz


30 de agosto, Día Internacional de los Desaparecidos

Canción para pedir más carril bici

Ir por el carril bici
persiguiendo
el origen del río
durante media hora,
paralelo a los peces,
paralelo
al piragüista
de torso grande
adelantarlo,
escalar hasta el puente
peatonal, transmutarme
en perpendicular
al agua
de Gredos por aquí,
dar media vuelta,
bajar formando parte
del viento, ser
tan físicamente
feliz, correr ahora
más rápido que el Tormes,
dejar atrás los juncos,
la lavanda, las sombras de las frondas,
los niños, los atletas,
la plata de los peces
y al tenaz piragüista.
Ir por el carril bici
durante media hora,
ser centauro recién
nacido, me parece
más de lo que merezco
en este día casi
víspera de septiembre.

Pero reclamo más.

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

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A media voz

Rosa, mi corazón…

Rosa, mi corazón, mi latifundio,
mi campo de amapolas, mi arroyuelo,
mi torreón de mirlos, mi rocío,
mi noche de verano, mi proyecto
al fresco de la tarde, mi ola, ¡salta,
salta a mis brazos! Deja que revuelva
un poco tu cabello, mientras pienso
en la colmena oscura, con las mieles
ya colmadas de agosto, y el murmullo
de las abejas. Corazón, mi Rosa,
te adoro simplemente. ¿Te lo he dicho?

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS

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A media voz

Biblioteca de autor

Decidme cómo es un árbol

carcel-prision

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.

No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.

MARCOS ANA

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Canto para los niños sin infancia

nino-de-la-calle

Allá,
cuando era niña,
probé la hierba.
Y era verde su olor,
y verde su sabor,
y verde su escondido y pequeño
rincón de sombras.

Sin embargo,
la amargura
que no tiene la hierba
cuando está dormida,
la tienes tú,
pequeño limosnero sin sombra,
a esta hora en que los niños duermen
y en que tu sueño
abre su boca blanca,
interrogante.

A las diez de la noche
la lluvia extiende sobre las piedras
su fatigada lengua de frío.
A las diez de la noche
el hambre muerde y muerde
cerca del corazón.
A las diez de la noche
te quedas en la esquina
solitario,
tembloroso,
y aunque quieras gritar que no se vayan todos,
que no dejen la calle abandonada,
que el viento, si no hay nadie,
gruñe y empuja contra las paredes,
la soledad se posa, inevitablemente,
sobre tus manos sucias y asombradas.
Es la hora en que los niños duermen
para no oír el miedo nocturno que se agita.

Pero tú,
pequeño de seis años,
no eres niño siquiera.

Cuando naciste
alguien dijo que la infancia no te pertenecía
y desde entonces
lo vienen repitiendo muchas bocas:
—el pan tampoco es suyo,
—ni el cariño,
—ni la pequeña tierra de sus pasos,
—ni esos seis años que le vienen grandes.
Y por eso,
sin nada tuyo,
ni siquiera el sueño
miras la calle
como a una larga pesadilla sin sueño
entre los ojos
Pero algún día,
la hierba será dulce,
y te será devuelto tu corazón de niño,
tu reposo de niño,
y la pisada de amor que te negaron
sobre la tierra.

Quizá bajo la hierba
hallamos enterrado muchos muertos,
pero la noche no podrá apretarte
nunca más
contra la mesa de los bares,
ni gritarte en el miedo
con su voz de borracha.
El olor de la hierba
seguirá siendo verde,
y verde su sabor,
y verde
su escondido y pequeño
rincón de sombras,
para que tú lo encuentres
y lo ames.

JULIETA DOBLES

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Cual de oro el cabello ensortijado

luz

Cual de oro el cabello ensortijado
y en mil varias lazadas dividido,
y cuanto en más figuras esparcido
tanto de más centellas ilustrado.

Tal de lucientes hebras coronado,
Febo aparece en llamas encendido,
tal discurre en el cielo esclarecido
un ardiente cometa arrebatado.

Debajo el puro, propio y sutil velo,
amor, gracia y valor y la belleza
templada en nieve y púrpura se vía.

Pensaba que se abrió esta vez el cielo
y mostró su poder y su riqueza,
si no fuera la Luz del alma mía.

FERNANDO DE HERRERA

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A media voz

Biblioteca de autor

Amor

caricia

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

ANTONIO GAMONEDA

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Biblioteca de autor

Unidad

madre-e-hija

Madre, tú eres ya, no tuya, sino mía.
Te has ido dando como la luna sobre el agua.
Toda tu claridad se ha reflejado
inmensa sobre mi alma.

Madre, ya no eres tú, tu risa no es tu risa,
soy yo quien te sonríe, quien te mueve las manos,
quien te vive y respira por ti. Ya no eres tú,
madre mía, has fijado
tu claridad lo mismo
que la luna en el lago.

En mí tu imagen flota, reposa, duerme, gira,
en una completísima unidad que nivelan
tu carne con mi carne, tus ojos con mis ojos,
tu pena con mi pena.

Y tu fin —extinguirte sonriendo— es el mío.
¡Tu fin! Allá en lo alto te esperará una estrella.

Yo te sujetaré con mis manos, tan jóvenes,
más arriba del mar, más arriba del tiempo,
y nos daremos juntas, madre mía, tan juntas,
que Dios no pueda nunca distinguir si eres una
o somos dos, a una, las que nos hemos muerto.

PILAR PAZ PASAMAR

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A media voz

Biblioteca de autora

¿Quién dejará del verde prado umbroso…?

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¿Quién dejará del verde prado umbroso
las frescas yerbas y las frescas fuentes?
¿Quién de seguir con pasos diligentes
la suelta liebre o jabalí cerdoso?

¿Quién, con el son amigo y sonoroso,
no detendrá las aves inocentes?
¿Quién, en las horas de la siesta ardientes,
no buscará en las selvas el reposo,

por seguir los incendios, los temores,
los celos, iras, rabias, muertes, penas,
del falso amor, que tanto aflige al mundo?

Del campo son y han sido mis amores;
rosas son y jazmines mis cadenas;
libre nascí, y en libertad me fundo.

MIGUEL DE CERVANTES

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A media voz

Biblioteca de autor

El perro que llevaba carne en el agua

perro-triste

Pierde, con razón, lo propio quien lo ajeno desea.
Un perro que en un río con un pedazo de carne nadaba,
en el espejo de las aguas vio su reflejo,
y pensando que otro llevaba otra presa,
quitárselo quiso; bien frustrada quedó su codicia,
pues la comida que tenía cayó de su boca
y tampoco pudo alcanzar la que buscaba.

FEDRO

Traducción de Antonio Alvar.

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Bajo la noche

ventana

Tu perfil se recorta en la ventana
mientras miras la noche silenciosa.
No sabes que te miro, que mis ojos
te están mirando ahora que reclinas
contra el cristal la frente y vagas lejos,
a solas con tu miedo y tu nostalgia,
por mundos que no son el mundo mío,
pero que amo y temo como propios
porque en ellos también tiembla mi vida.
Cuando vuelvas al fin de ese viaje
que te lleva de ti hasta ti misma,
cuando te hayas ganado la que eres
y busques mi calor junto a tu almohada,
mi sueño abrazará los sueños tuyos
y ha de entrar toda el alba en nuestro cuarto.

ABELARDO LINARES

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A media voz

El geólogo

fosil

Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, más la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
Todo de piedra ya, forma magnífica
Que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
Que acaso fueron seres dolorosos,
Sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
Y el trémolo extasiado de la salamandra
Tan sólo hay tiempo.

WILLIAM OSPINA

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Si pregunto a los hombres

Picture of sunset, Cotswolds, England March 2005

Si pregunto a los hombres
qué es aquel cuerpo inmenso
que vibra al otro lado de los bosques,
me contestan: «el mar».
Si te pregunto qué es el mar
me dices:
«un animal de lluvia que sin tregua recorre
la distancia infinita que de sí mismo le separa».
Quieres ponerme a prueba, pretendes confundirme.
Sé que aquel cuerpo inmenso
eres tú
cuando sales del bosque
y arrojas tu saliva sobre el mundo.

CHANTAL MAILLARD

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A media voz

Deseo de ser piel roja

toro-sentado

(Sitting Bull ha muerto, los tambores
lo gritan sin esperar respuesta. )

La llanura infinita y el cielo su reflejo.
Deseo de ser piel roja.
A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido
el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.
Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto: no hay tambores
que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.
Deseo de ser piel roja.
El caballo de hierro cruza ahora sin miedo
desiertos abrasados de silencio. Deseo
de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores
para hacerlo volver desde el reino de las sombras.
Deseo de ser piel roja.
Cruzó un último jinete la infinita
llanura, dejó tras de sí vana
polvareda, que luego se deshizo en el viento.
Deseo de ser piel roja.
En la Reservación no anida
serpiente cascabel, sino abandono.

LEOPOLDO MARÍA PANERO

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A media voz

Un sitio de ayer o de mañana

avion

La señora y el señor van
en silencio;
aunque viajan la una junto al otro,
es un viaje distinto; no se miran,
no comparten asombros
cuando rompe de pronto el amanecer
en la hendidura ovalada del avión.
¿Parten o regresan?
Es imposible sospechar que tuvieron
alguna vez algo en común.
Él mira en la diminuta pantalla
un film banal por donde pasa,
desviviéndose siempre,
una muchacha.
Ella duerme a ratos o mira fijo
un espacio que seguro no es éste.
Es un sitio de ayer o de mañana,
donde no es difícil imaginar
que sobra él.
Si llega la aeromoza, él responde por ella:
—la señora no quiere, solo agua, por favor—
y ella no bebe, no agradece, no está.
La señora y el señor van en silencio;
no hay odio ni memoria en sus miradas.
Vienen de algún lugar que han olvidado;
se dirigen a un sitio que ignoran todavía.

WALDO LEYVA

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Parpadeo

parpadeo

Pedro Salinas
dice en un poema
que no quiere dejar de sentir
el dolor de la ausencia
de la mujer a la que ama
porque eso es lo único
que le queda de ella:
el dolor.
No recuerdo sus palabras exactas.
Él lo dice mejor que yo.
Eran otros tiempos.
Salinas está muerto.
La mujer a la que amaba también.
Pronto lo estaremos todos.
La vida es un mero parpadeo.
Abre los ojos
y ciérralos

ROGER WOLFE

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A media voz

Brisa marina

barco

La carne es triste, al fin, y leí ya todos los libros.
¡Huir! ¡Huir muy lejos! ¡Noto que los pájaros están ebrios
de vivir entre la desconocida espuma y los cielos!
Nada, ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
retendrá a este corazón que se moja en el mar;
¡oh noches! Ni la desierta claridad de mi lámpara
sobre el vacío papel que defiende su blancura,
ni la joven madre que amamanta a su hijo.
¡Partiré! ¡Vapor balanceando tu arboladura,
leva el ancla hacia una naturaleza exótica!

¡Un Hastío, por crueles esperanzas desolado,
cree aún en el supremo adiós de los pañuelos!
Y, acaso, los mástiles, invitando a las tempestades,
sean de los que un viento predispone a naufragios
perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni fértiles isolotes…
¡Corazón mío, escucha el canto de los marineros!

STÉPHANE MALLARMÉ

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A media voz

Bocanada de mar

caracola

Bocanada de mar
en mi cuerpo arenado,
convertido en orilla
de tus olas sedientas.
Verano irrepetible,
como llama celeste
que me transparentaba
la ansiedad contenida.
En una caracola
guardaste los deseos,
y yo me puse a oírlos
mientras tus manos sabias
apresaban mis hombros
con red de madreperlas.
Verano interminable,
como las playas vírgenes
de tu cuerpo salino,
bocanada de amor
que en ti me derramaba.

MARÍA SANZ

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A media voz

Biblioteca de autora

Blog de la autora

Eso somos

Eso somos: las flechas
En un arco tendido, la despreciable indiada;
Las leñas que han de arder en los fogones
Del blanco en La Misión, los hijos de la intemperie,
Del vasto infierno de los desiertos,
Definitivamente condenados.

Eso somos:
La sombra de lo que fuimos,
Un ala destrozada en pleno vuelo
Cubierta por la sombra del murciélago,
El habitante forestal, ahora
Cazado en plena selva, los guerreros vencidos
Definitivamente.

Eso somos: la estela
Del salto del jaguar al infinito,
Los más desamparados de la tierra;
Calabazas vacías sin ecos ni semillas,
Sustraídas de una fuerza brillante,
Los golpeados, los tristes, los caídos
Definitivamente.

Eso somos.
Definitivamente.

ELVIO ROMERO

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Portal Guaraní

19 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas

El incorregible

alcoy

Si volviera a vivir por estos valles
¿volvería a caer? Me extrañaría
que no lo hiciera.

Veo en esos ojos
el mismo fuego, aquella dulce llama
que me perdió en su día.

Veo el paso
de quien deja flotar tras de sus hombros
las alas del deseo.

Veo en blancos
muros que trepan frente al mar las rosas
latiendo ensimismadas.

Veo viñas
que las abejas pican rescatando
su miel de oro.

Veo en la azotea
las ropas como velas de un navío
que nos arrastra lejos.

Veo el monte
crepitando de sol y siento dentro
recorrerme sutil como un fluido
algo que necesita mi concurso
para integrarse entero en la armonía
que me circunda.

Nada ha cambiado.
Tierra, divinidad, delicia, tierra.
Todo está en pie, incitante, extraño, hermoso.
Volvería a caer.

JUAN GIL-ALBERT

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A media voz

Canción de mar

verde-azul

Por el verde azul del mar
el armiño de la ola.
Por el verde azul del mar.

La leve cinta de espuma
hace un adiós espiral
y hay una sed de paisaje
por el verde azul del mar.

La ola finge un fino hoyuelo
empapadito de sal;
y un beso rima la ola
por el verde azul del mar.

Ondas de verde abanico
en la seda de cristal
ocultando su esperanza
entre los brazos del mar.

Palmeras verdes que tienden
los dedos de su humedad
para arrullar a las ondas
por el verde azul del mar.

Corolas la luna amarga
en la verde inmensidad:
la arena guardó sus oros
en estuche de coral.

Por el verde azul del mar
el armiño de la ola.
Por el verde azul del mar.

STELLA SIERRA

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A una dama

flor-de-un-dia

Nace el sol derramando su hermosura,
pero pronto en el mar busca el reposo,
¡oh condición inestable de lo hermoso,
que en el cielo también tan poco dura!

Llega el estío, y el cristal apura
del arroyo que corre presuroso;
mas, ¿qué mucho, si el tiempo, codicioso
de sí mismo, tampoco se asegura?

Que hoy eres sol, cristal, ángel, aurora,
ni lo disputo, niego, ni lo extraño;
mas poco ha de durarte, bella Flora;

que el tiempo, con su curso y con su engaño,
ha de trocar la luz que hoy te adora
en sombras, en horror y en desengaño.

DIEGO DE TORRES VILLARROEL

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Biblioteca de autor

A media voz

La paloma

two loving white doves

Suelta mi palomita pequeñuela,
y déjamela libre, ladrón fiero;
suéltamela, pues ves cuánto la quiero,
y mi dolor con ella se consuela.

Tú allá me la entretienes con cautela;
dos noches no ha venido, aunque la espero.
¡Ay!, si esta se detiene, cierto muero;
suéltala, ¡oh crudo!, y tú verás cuál vuela.

Si señas quieres, el color de nieve,
manchadas las alitas, amorosa
la vista, y el arrullo soberano,

lumbroso el cuello, y el piquito breve…
Mas suéltala y verasla bulliciosa
cuál viene y pica de mi palma el grano.

JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

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Biblioteca de autor

Amarillos

amarillos

I

Qué plenitud dorada hay en tu copa,
árbol, cuando te espero
en la mañana azul de cielo frío.
Cuántos agostos largos, y qué intensos
te han cubierto, doliente, de amarillos.

II

Toda la tarde se encendía
dorada y bella, porque Dios lo quiso.
Toda mi alma era un murmullo
de ocasos, impaciente de amarillo.

III

Serena de amarillos tengo el alma.
Yo no lo sé. ¿Serena?
Parece que entre el oro de sus ramas
algo verde me encienda.
Algo verde, impaciente, me socava.
Dios bendiga su brecha.
Por este hueco fértil de mis ansias
un cielo retrasado me desvela.
Ay, mi esperanza, amor, voz que no existe,
tú, mi siempre amarillo.
Hazte un sol de crepúsculos, ardiente:
ponte verde, amarillo.

ELENA MARTÍN VIVALDI

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Hombre pequeñito

canario

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
Déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
No me pidas más.

ALFONSINA STORNI

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A media voz

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Danza

Es verano.
La gente
danza
con furor.
La palabra
quiere ser
fotografía
y capta
el preciso
instante
en
el
que
la muchacha
se levanta
levemente
el vestido
amarillo
y sonríe
mientras
danza.
Ella
es ahora
la luz,
la
más
hermosa
mujer
en
este
apartado
lugar
del
mundo.
Es
verano.
La
gente
danza
con
furor.

MARCO MARTOS

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