El pozo

Te paraste a contemplar el pozo.
Era hondo, iluminado
y el agua fluía jubilosamente.
Su hondón fresco, profundo,
acunaba ardores de universo.

Cuando volviste de nuevo en el tiempo
a contemplar el pozo,
las tinieblas habían pasado por sus aguas.
Intentaste caminar sobre el cauce oscurecido
pero la luz era, ya, sólo una humedad densa
que impedía la esperanza.

ANA MARÍA FAGUNDO

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