Brindis

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¿No veis que las aguas
del río Amarillo
descienden del cielo
y hasta el mar
corren raudas
para no retornar?

¿No veis
en esas nobles mansiones
cómo se miran, tristes,
en los brillantes espejos
los cabellos blancos?

Por la mañana negra seda,
ahora, en el ocaso,
se han vuelto nieve.

Gocemos,
gocemos de los placeres
en esta existencia nuestra;
no dejemos vacías
ante la luna
nuestras copas doradas.

LI PO

Traducción de Juan Ignacio Preciado Idotea

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