Los vampiros

Dos nidos con mis cabellos
tejí en mis sienes y en ellos
se vino a posar un día
de tu boca el ave roja,
pérfida madre alegría
de mi incurable congoja.

Y en vano olvidar quisiera
lo que fue mi vida entera…
Que tus besos maldecidos
como vampiros sedientos,
a mis sienes suspendidos
me chupan los pensamientos.

MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA

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