Majestad

Mi hermana mayor
nos cortaba el cabello.
Decía: estense quietos,
es un corte moderno.

Nosotros, cabizbajos,
nos dejábamos hacer,
trasquilar el flequillo
cual si fuéramos ovejas;

más aún al escuchar,
detrás de su mandato
el chasquido de la lengua,
igual a un cuerazo.

Ah, pero ella sufría
el rigor de su gobierno,
tal era el peso
de su agria corona.

Eso lo supimos
al cabo del tiempo
mientras Clara envejecía
sin mayores glorias.

No tuvo la culpa
de nacer la primera,
mi hermana mayor,
sola en su reino.

YOLANDA PANTIN

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