Unidad

madre-e-hija

Madre, tú eres ya, no tuya, sino mía.
Te has ido dando como la luna sobre el agua.
Toda tu claridad se ha reflejado
inmensa sobre mi alma.

Madre, ya no eres tú, tu risa no es tu risa,
soy yo quien te sonríe, quien te mueve las manos,
quien te vive y respira por ti. Ya no eres tú,
madre mía, has fijado
tu claridad lo mismo
que la luna en el lago.

En mí tu imagen flota, reposa, duerme, gira,
en una completísima unidad que nivelan
tu carne con mi carne, tus ojos con mis ojos,
tu pena con mi pena.

Y tu fin —extinguirte sonriendo— es el mío.
¡Tu fin! Allá en lo alto te esperará una estrella.

Yo te sujetaré con mis manos, tan jóvenes,
más arriba del mar, más arriba del tiempo,
y nos daremos juntas, madre mía, tan juntas,
que Dios no pueda nunca distinguir si eres una
o somos dos, a una, las que nos hemos muerto.

PILAR PAZ PASAMAR

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