La sirvienta tan buena, tan fiel…

La sirvienta tan buena, tan fiel, tan afanosa,
que duerme para siempre en una humilde fosa;
debíamos -¿no crees?- llevarle algunas flores,
porque los muertos deben de tener sus dolores;
cuando octubre envía melancólicos vientos,
y deshoja los árboles junto a sus monumentos,
nos juzgarán ingratos, vacuos, indiferentes,
por dormir abrigados, entre mantas, calientes,
mientras ellos tiritan con negras fantasías
sin agradables charlas y dulces compañías.
Ateridos despojos comidos del gusano,
sienten gotear la nieve, recuerdan el verano,
y transcurrir los años en silencio y negrura
sin que nadie se acerque a aquella sepultura.

Cuando la tarde muere y chispea el tizón,
si la viera sentada tranquila en su sillón;
si en una noche de diciembre azul y helada,
de mi alcoba en un ángulo la viese recostada,
llegarse, grave y dulce, desde su lecho eterno,
dar al niño grande un amparo materno,
¿a aquella alma piadosa qué le respondería,
viendo caer las lágrimas de su órbita vacía?

CHARLES BAUDELAIRE

Traducción de Ángel Lázaro

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