Oración en Getsemaní

Los olivos nunca crecen con decidido afán
de cielo, irguiéndose rectos y sin dudas.

Los olivos se retuercen nudosos y ásperos
como gente atormentada.

Entre ellos viniste a recogerte como una grave montaña.

Ranas y pájaros te ven de rodillas y desolado
y luego vuelven a sus asuntos:
las ranas tras los insectos
y los pájaros a cantar su celo: esa es la soledad,
cuando todo está desacordado de uno.

¿Percibes, ahora, Señor, lo que el enfermo que despierta
de madrugada
y siente que la soledad le entristece cada órgano,
y la noche y su pesar
le parecen más vastos que Dios?

Entre los olivos. Tú eres el destinatario
de tus propias bienaventuranzas,
pobre de espíritu, hambriento, lloroso, sediento
de justicia y con el rumor de una persecución.

Tal vez nunca has estado más cerca del Padre.

Ya estás en el Padre.

La muerte que se acerca
será sólo una sangrienta anécdota.

JOSÉ WATANABE

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A media voz

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